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Rafael
López-Gay Lucio Villegas
En la Curie
hemos mostrado interés por crear hábitos y estrategias de
lectura entre nuestros alumnos. Para ello, no sólo es importante
encontrar lecturas atractivas de ciencia, sino también enseñar
estrategias para realizar una lectura comprensiva.
Hece unos
meses leí un libro (1992) sobre estrategias de lectura, del cual
hice este pequeño resumen personal.
En el libro se critica que las actividades de lectura que proponemos habitualmente
son en realidad actividades de evaluación, pero no enseñamos
técnicas de lectura comprensiva (aunque muchos lectores adultos
las utilizamos incoscientemente). La autora adopta un visión constructivista
de la lectura:
Leer
es un proceso de interacción entre el lector y el texto, proceso
mediante el cual el primero intenta satisfacer (obtener una información
pertinente para) los objetivos que guían su lectura (p. 17).
Leer es un proceso de emisión y verificación de predicciones
que conducen a la construcción de la comprensión del texto
(p. 101). Es un proceso interno, pero se tiene que enseñar...
Al adoptar
esa perspectiva, muchas de las estrategias nos resultan familiares. Una
advertencia: el libro no se refiere a la enseñanza de las ciencias,
sino a la enseñanza de la lectura en la escuela. Los Curies echarán
en falta ejemplos referidos a la secundaria y a las ciencias, y les sobrarán
ejemplos de niveles inciales. No obstante, creo que es muy sugestivo y
fácil de buscar traslación a nuestras aulas.
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Resumen
Leer es
un proceso de interacción entre el lector y el texto, proceso
mediante el cual el primero intenta satisfacer (obtener una información
pertinente para) los objetivos que guían su lectura (p. 17).
Leer es un proceso de emisión y verificación de predicciones
que conducen a la construcción de la comprensión del texto
(p. 101). Es un proceso interno, pero se tiene que enseñar.
Fin último: que los alumnos aprendan a leer autónomamente
Tipos de textos: cap. 4, pp. 71-75
Cap.
5: Para comprender
Antes de la lectura
Se trata de:
-
suscitar
la necesidad de leer, encontrar sentido a lo que se va a leer
-
convertir
al alumno en lector activo, es decir, en alguien que sabe por qué
lee y que asume su responsabilidad ante la lectura, aportando sus
conocimientos y experiencias, sus expectativas y sus interrogantes.
(p. 99)
Motivar:
que sea el alumno el que diga: ¡Fantástico! ¡Voy a
leer!
Tener objetivos claros: ¿Para qué voy a leer? Posibles respuestas:
para obtener información precisa, para seguir instrucciones, para
obtener información de carácter general, para aprender,
para revisar un escrito propio, por placer, para comunicar un texto a
un auditorio, para practicar lectura en voz alta, para dar cuenta de que
se ha comprendido
Activar el conocimiento previo: ¿qué se yo acerca de este
texto? Para ello:
- Dar información
general sobre lo que se va a leer (temática
), intentando
que lo relacione con su experiencia previa. Informar del tipo de texto.
- Ayudar
a los alumnos a fijarse en determinados aspectos del texto que pueden
activar su conocimiento previo (dibujos, título y subtítulos,
cambios de formato de letra
) Iniciar una discusión sobre
lo que los alumnos ya saben del texto.
- Animar
a los alumnos a que expongan lo que conocen del tema (el profesor debe
reconducir las intervenciones). Reconocer también lo que no saben
o tienen dudas.
Establecer
predicciones sobre el texto (también se hará después
durante la lectura): qué va a decir
Sirve de motivación
(para ver si se confirman mis predicciones) y centra la atención.
Promover las preguntas previas de los alumnos acerca del texto (pueden
surgir de sus propias predicciones y discusiones). Deben ser preguntas
pertinentes, de acuerdo con los objetivos y el tipo de texto.
Es necesario que el profesor muestre en voz alta cómo realiza él
mismo estas actividades cuando va a leer, actuando como modelo. Poco a
poco ellos irán ganando autonomía.
Cap.
6: Construyendo la comprensión
Durante la lectura
Existe un acuerdo bastante generalizado en considerar que las estrategias
responsables de la comprensión durante la lectura que se pueden
fomentar en actividades de lectura compartida son (p. 103):
-
Formular predicciones sobre el texto que se va a leer
-
Plantearse preguntas sobre lo que se ha leído
-
Aclarar posibles dudas acerca del texto
-
Resumir (o recapitular) las ideas del texto
Durante
la lectura aparecerán: errores (falsas interpretaciones) y lagunas
de comprensión (la sensación de no comprender); ambos
son inherentes al intento de comprender. Pero, además, necesitamos
saber qué podemos hacer cuando identificamos esos errores y lagunas,
qué decisiones tomar.
Pueden aparecer problemas en la comprensión de: palabras, frases,
relaciones entre frases, y aspectos globales del texto. No debería
corregirse todo, porque no todos los errores son iguales, ni debería
corregirse todo de la misma forma. Las estrategias que conducen a interrumpir
drásticamente la lectura sólo se justifican si la palabra
en cuestión es crítica, es decir, absolutamente imprescindible
para comprender el texto.
Cuando una frase, palabra o fragmento no parece esencial para la comprensión
del texto, la acción más inteligente que los lectores
realizamos consiste en: ignorarla y continuar leyendo. Esta estrategia
no puede aprenderse si el profesor acostumbra a parar y corregir sistemáticamente,
lo que provoca además que el alumno acabe fijándose sólo
en el código, ajeno por completo a la comprensión, y que
abandone el control de su lectura en las manos de su profesor.
Si después de seguir leyendo nos damos cuenta de que es necesaria
la comprensión de esa palabra o frase, tenemos todavía
varias opciones, válidas según el tipo de texto:
-
esperar para evaluar la comprensión, cuando confiamos en que
a lo largo del texto el enigma se resolverá. En concreto, sugerir
que subrayen las palabras cuyo significado no conozcan, y que borren
después las que ya pudieron interpretar al seguir leyendo.
-
aventurar una interpretación y comprobar al seguir leyendo
si funciona o hay que desestimarla
-
releer el contexto previo, buscando indicadores que nos permitan comprender.
Cuando
ninguna de estas estrategias da resultado ante una palabra o frase crítica,
es el momento de acudir a una fuente externa (el profesor, un compañero,
el diccionario
). Es el último recurso pues es la estrategia
que más interrumpe el ritmo de lectura.
Estas estrategias deben aprenderse: con la actuación modelo del
profesor al principio, y en actividades de lectura compartida, ganando
cada vez un mayor grado de autonomía.
Cap.
7: Después de la lectura: Seguir comprendiendo y aprendiendo
Tema: sobre lo que trata un texto, y puede expresarse mediante
una palabra o un sintagma. Es la respuesta a la pregunta: ¿de
qué trata este texto?
Idea principal: enunciado o enunciados, explícitos o implícitos,
que el escritor utiliza para explicar el tema. Se expresa mediante una
frase simple o dos o más coordinadas. Es la respuesta a la pregunta:
¿cuál es la idea más importante que el autor pretende
explicar con relación al tema?
Hay que enseñar lo que es el tema y la idea principal, y enseñar
primero a identificar el tema. Es más fácil identificar
la idea principal en los textos expositivos.
Tema e idea principal no sólo dependen del texto y el propósito
del autor, sino también del lector: sus objetivos y conocimientos
previos. Puede distinguirse entre relevancia textual (importancia de
los contenidos de un texto en función de su estructura y señales)
y relevancia contextual (importancia que el lector atribuye a determinados
pasajes o ideas en función de su atención, interés,
conocimientos y deseos). Lo que un niño considera idea principal
puede no coincidir con el criterio del adulto. Los jóvenes tienen
dificultades para argumentar su elección.
No basta con pedir que identifiquen la idea principal (esto es evaluar,
no enseñar). Hay que enseñar qué es y para qué
sirve la idea principal, y cómo se identifica o se genera. ¿Cómo
se genera? Usando estas reglas (cap. 1):
-
Reglas de omisión o supresión: eliminar información
trivial o redundante
-
Reglas de situación: para integrar conjuntos de hechos o conceptos
en conceptos supraordenados
-
Reglas de selección: para identificar la idea del texto, si
se encuentra explícita
-
Reglas de elaboración: para generar o construir la idea principal
Además
de informar a los alumnos, el profesor debe actuar como modelo ante un
texto concreto: explica qué es la idea principal y su utilidad,
recuerda sus objetivos de lectura y conocimientos previos, señala
el tema, conforme lee informa a los alumnos de lo que retiene como importante
y por qué, al finalizar la lectura discute el proceso seguido.
(p. 125) Baumann y Serram (1984), analizaron libros de texto de sociales
desde 2º primaria hasta 2º secundaria: sólo el 44%
de los párrafos contenían ideas principales explícitas,
y sólo el 27% de ellos empezaban con una frase que contenía
esa idea principal. Baumann (1986) volvió a redactar párrafos
de libros de texto para que las ideas principales se enunciaran al principio
de los párrafos, y los alumnos que los leían obtenían
mejores resultados al señalar la idea principal.
Una buena actividad puede ser, después de leer individualmente,
organizar una revisión conjunta y discutir las ideas retenidas:
cuáles son, por qué eligieron esas, cómo lo hicieron
(proceso seguido)
La identificación del tema e ideas principales son pasos necesarios
para hacer el resumen, pero éste requiere de una forma escrita
y de un sistema de relaciones. Cuatro reglas para resumir un texto:
Omitir (lo secundario para la interpretación del texto), seleccionar
(suprimir información por obvia o innecesaria), generalizar (sustituir
un conjunto de conceptos por uno de nivel superior) y construir o integrar
(elaborar nueva información que sustituye a la que aparece en
el texto). Resumir, de todas formas, no es igual a la suma de estas
cuatro reglas; más bien, estas reglas son útiles para
resumir.
Tan poco útil resulta que el resumen sea casi una reproducción
del texto, como que sea tan general que no aporte la información
específica que en aquél se vertía (p. 129).
Enseñar a resumir no consiste en pedir que hagan un resumen (evaluar).
Para la enseñanza, es importante que los alumnos: entiendan por
qué necesitan resumir, asistan a los resúmenes que hace
su profesor, resuman conjuntamente, y que puedan resumir de forma autónoma
y reflexionar sobre lo que han hecho.
Cuando los alumnos resumen como medio para aprender, lo habitual es
que lo hagan a partir de textos expositivos. En estos casos, elaborar
un resumen interno (con la aportación del esquema del alumno),
que le lleve a transformar su conocimiento, requiere que aporte el que
ya tiene y que se interrogue acerca del grado de consistencia que éste
posee en relación con lo que ha leído. Desde esta perspectiva,
resumir adquiere la categoría de "técnica excelente"
para el control de la comprensión.
Después de la lectura, también pueden hacerse (el profesor
o los propios alumnos) preguntas pertinentes. Una pregunta pertinente
es aquella que es coherente con el objetivo que se persigue mediante
la lectura (p. 137). Clasificación de las preguntas que suelen
hacerse:
-
Preguntas
de respuesta literal. Su respuesta se encuentra literal y directamente
en el texto.
-
Preguntas piensa y busca. Su respuesta es deducible, pero que requiere
que el lector relaciones diversos elementos del texto y que en algún
grado realice inferencias.
-
Preguntas de elaboración personal. Toman como referente el
texto, pero su respuesta no se puede deducir del mismo; exigen la
intervención y/u opinión del lector.
El primer
tipo de preguntas se pueden contestar sin haber comprendido el texto.
Además, llevan a centrarse en cuestiones de detalle, y confieren
la misma importancia a las ideas principales que a las cuestiones secundarias.
Sólo deben plantearse en situaciones especiales en las que tengan
algún sentido.
Para responder a los otros dos tipos, es necesario tener una representación
global del significado del texto. Además, en las últimas,
es necesario aportar el conocimiento del lector, de forma que pueden quedar
sin contestar a pesar de que el texto se haya comprendido.
El profesor debe servir de modelo explicando en voz alta las preguntas
que se formula. Los alumnos, poco a poco, deben ir ganando en autonomía.
(p. 146)
Comparto en términos generales la idea de Pearson y Jonson (1978),
según la cual un profesor que articule verdaderas actividades
de enseñanza de estrategias de lectura, y que asuma su responsabilidad
en su desarrollo, interviniendo para asegurar el aprendizaje de los
alumnos, no necesita articular actividades específicas de evaluación,
dado que las primeras le proporcionan una visión muy ajustada
de la situación real de sus alumnos, y puede, por tanto, utilizarla
para acreditar su aprendizaje.
(p.149) Como puede verse, no se trata tanto de buscar situaciones específicas
de evaluación como de intentar que las situaciones de enseñanza/aprendizaje
puedan proporcionar la información necesaria para evaluar.
(p. 151, enumera las conclusiones más importantes de lo que es
aprender a leer y lo que debe hacerse en la enseñanza)
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