Opinió del lector
Al fin he terminado de leer vuestro libro, y lo he
dilatado más de lo normal porque me he recreado atrapada en
el tema y el lenguaje. Pero antes de decir nada de esas dos facetas,
me gustaría dar una primera visión general: el libro es la crónica
de un pueblo, Elche, en un tiempo conflictivo -el periodo entre
dos siglos cercanos a los cambios que hicieron posible el avance
extraordinario de las nuevas tecnologías- tiempo que aún permanece
en el recuerdo de las personas de cierta edad, no porque lo hayamos
vivido, pero sí porque nos han llegado esos acontecimientos a través
de nuestros abuelos, y ahí comienza nuestra memoria. Por eso el
panorama se nos hace familiar y el relato, interesante. Habéis
tenido la habilidad de transportar al lector un siglo atrás y
quienes conocimos un pueblo con calles anchas y edificios de apenas
cuatro pisos -me refiero a los de nueva construcción- nos sentimos
atrapados por nuestra infancia. No era el aspecto de la ciudad mía
muy diferente al que vivieron Andreu y María. Aquel sol que entraba
a raudales; lo recuerdo brillante y penetrando por todas las esquinas
y rendijas e incluso rebotando como si tropezara en un cristal.
¡Madre mía, lo llenaba todo de claridad! Y otra cosa más: las palmeras
eran altas, no tanto como los campanarios de las iglesias (no hubiese
sido religiosamente correcto) pero sí predominaban en el paisaje.
Eran importantes. Hoy, entre los edificios tan altos, parecen un
poco más humilladas. Todo eso transmite vuestro relato.
Por otra parte, tenemos el soporte de la lengua. A veces yo hacía
el ejercicio de leer traduciendo al castellano y os aseguro que no
era lo mismo. De los giros de antaño ha ido saliendo, sobre todo,
la voz de mi abuela; luego nosotros ya hemos vivido otro tipo de
lenguaje con un acento más castellanizado y ella nos dejó el regusto
de su tiempo. Y a nosotros ni siquiera nos enseñaron a escribir,
se lo tragó todo aquella prohibición tan corta de vista. Por eso
vuestra novela nos ha resultado tan cercana a según que gentes con
ya el pelo blanco…
Otros aspectos que debo destacar son las explicaciones tan reales,
vivas e informadas que habéis hecho de los acontecimientos importantes,
tales como la circunstancia de los eclipses y la información dialogada
que dais de ellos, las huelgas, el agobiante estado de casi pobreza,
el ansia de saber de los muchachos que provoca el debate de la enseñanza,
apasionante ayer y hoy, y yo diría que sin haber sido solucionado aún,
la figura del maestro-tutor, entrañable y tan poco pasada de moda…
¿Cómo habéis entrado con tal profundidad en el medio de Castellón?
Alguno de los dos ha debido vivirlo, ¡lo reflejáis tan bien!
En fin, creo que me he extendido demasiado y sólo os he comentado
“sensaciones”, pero es lo más directo que me ha llegado de vuestro libro.
De veras que lo he disfrutado. Cada uno de los aspectos merecería
un comentario más serio y formal, pero me ha parecido que
trasmitiros mis sentimientos era más cercano y sincero que meternos
en estructuras literarias que, a fin de cuentas, lo que hacen es diseccionar.
Hale pues, gracias por los ratos pasados. Un abrazo.
Lola Peiró (febrer, 2008)